Por. Fernando Sentíes

Director de  AMITAI y Presidente de AMPEC.

 

Probablemente usted ha escuchado hablar, o leído acerca del “Oficial de Cumplimiento”, una figura cada día más común en México, sin embargo esta figura dentro de las empresas no es nueva, sus antecedentes se remontan a los años 90 en los Estados Unidos[1], cuando las empresas y el gobierno se dieron cuenta de la necesidad de un área de la empresa que ayudara a balancear los valores que se contraponen en la empresa, de rentabilidad e interés propio, con los valores de confianza y beneficio mutuo con la sociedad.

 

Si me limitara a describir las funciones del mal llamado Oficial de Cumplimiento, con este párrafo bastaría, pues el perfil sería más o menos el siguiente: “Se solicita abogado/contador/auditor especialista en leyes relacionadas con “X” industria. Con cinco años de experiencia en empresas del ramo. Sus funciones serían, asegurar el cumplimiento normativo de la empresa para prevenir riesgos corporativos tales como sanciones y multas”.

 

Sin embargo, es de llamar la atención que en los programas de certificación de oficiales de cumplimiento, tanto en México como en Estados Unidos, incluyen la palabra “Ética” como parte del puesto y del perfil. Así, el perfil del egresado de dichos programas se espera  sea un “Oficial de Ética y Cumplimiento” y esta palabra, “ética” que a veces es tan difícil de definir, hace toda la diferencia en el enfoque, en el alcance del puesto y por supuesto en las funciones.

 

El Oficial de Ética y Cumplimiento, debe estar preparado profesionalmente para una función gerencial de coordinación transversal a través de la empresa, pues a diferencia del Oficial de Cumplimiento, que hace más labores de supervisión e inspección interna, lo que se espera de esta persona, independientemente de su ubicación dentro de la estructura de la empresa, es lo siguiente:

  • Desarrollo y análisis de políticas corporativas que prevengan, reduzcan y mitiguen probables riesgos para la empresa.
  • Elabore, junto con las áreas especializadas, mapas de riesgos para una gestión adecuada de los mismos.
  • Lleve a cabo encuestas de cultura laboral que permitan identificar áreas de riesgo, y le permitan proponer políticas tendientes a elevar la cultura ética dentro de la empresa.
  • Implementar y supervisar programas de capacitación tendientes a elevar la cultura ética organizacional en diversos temas relevantes para la empresa.
  • Supervisar y/o llevar a cabo investigaciones de denuncias de actos de falta de probidad o ilegalidad.
  • Coordinar un plan de contingencia en caso de alguna violación o investigación por parte de alguna autoridad. Etc.

 

Como vemos, este perfil es significativamente diferente al de el oficial de cumplimiento, y require un conjunto de habilidades diferentes.

Adam Smith, el economista Inglés considerado como el padre del capitalismo, en su defensa por el Sistema de Mercado, establecía como fundamento para el efectivo funcionamiento del capitalismo, la capacidad de las empresas de auto-regularse. Y como dice Keith T. Darcy[2], las empresas han fallado en repetidas ocasiones en esta capacidad de auto regulación.

 

La figura de esta posición en las empresas, se está volviendo de vital importancia, pues vemos que los escándalos por actos de corrupción o de falta de probidad en las empresas, causan daños incalculables a las empresas, aun cuando estos no se prueben o las empresas sean las víctimas de estos actos al interior de la misma, con conocimiento y voluntad de sus directivos o sin ella. El resultado es el mismo, la empresa sufre de daños, tanto económicos y peor aún, daño reputacional.  Así tenemos casos como el de Walmart, que fue acusada de dar sobornos a oficiales mexicanos para sus planes de expansion, pero nunca fueron probados por la autoridad que la investigó en E.U. (DOJ)[3]. De igual manera, la empresa Mexicana La Costeña, cuando un empleado publicó en redes sociales una fotografía de un empleado orinando en los chiles en la línea de producción. En otros casos, escándalos recientes donde directivos de empresas como Uber, VW o Wells fargo, o algunos más cercanos a nosotros, el caso de Odebrecht, y cientos de empresas fantasma que han servido para corromper y dañar, tanto al país, como a las mismas empresas. Todos estos y muchos escándalos más evidencian la necesidad de tener programas de ética y cumplimiento, no solo de cumplimiento, en las empresas.

 

De lo anterior se desprenden conlcusiones lógicas de beneficios implícitos para las empresas de tener a un oficial de ética y cumplimiento:

  1. Reducir riesgos económicos directos e indirectos
  2. Prevenir el daño reputacional
  3. Ayuda a la sustentabilidad a largo plazo
  4. Mejora las probabilidades de éxito en el Mercado
  5. Eleva la productividad
[1] Business and Compliance Magazine. The Effective Practitioner. Ethics and Compliance: The Birth of a Profession. Keith T. Darcy. 2013.
[2] Business and Compliance Magazine. The Effective Practitioner. Ethics and Compliance: The Birth of a Profession. Keith T. Darcy. 2013.
[3] https://www.reuters.com/article/us-walmart-mexico-ruling/wal-mart-wins-dismissal-of-mexico-bribery-lawsuit-idUSKCN0Y42HP

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