Empezamos el año con la noticia de extradición, de Panamá a México, de Roberto Borge, ex gobernador de Quintana Roo. La Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción en esa entidad se prepara para un proceso penal y mientras eso sucede, veo esta noticia como referente de los grandes desafíos que el país y las empresas tienen que enfrentar en materia de ética y combate a la corrupción.

Las cifras no mienten y la realidad obliga.  México lejos de ocupar un lugar importante en transparencia cayó -en 2017-  28 lugares en el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2016. Ocupó el lugar 123 de 176 naciones evaluadas, con un puntaje de 30, en una escala donde 100 significa la menor corrupción.

A esta cifra se suma otra, no menos impactante. El impacto económico por el fenómeno de corrupción en las empresas se estima en 5% del PIB del país, según datos de Transparencia Mexicana, y 9% de acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad.

Con la nueva Ley General de Responsabilidades Administrativas, que entró en vigor el 19 de Julio del 2017, y una vez que haya Fiscal Anticorrupción, seguramente empezaremos a ver más fotografías como la del ex gobernador de Quintana Roo, y no sólo de funcionarios, sino de empresarios vinculados a la corrupción.

¿Cuál es un primero de los muchos pasos que necesitamos para cambiar la situación? Empezar por documentar estos escenarios y figuras de corrupción. Que esto sirva de escarmiento para disuadir a servidores públicos de involucrarse en actos de corrupción. Esto también sirve para generar conciencia en el ámbito empresarial, de tomar en serio el combate a la corrupción. En una frase coloquial: ‘empezar a lavar la ropa en casa’.

Como sociedad estamos ávidos de ver que se reduce la impunidad y existe trabajo serio en el tema. Este 2018 electoral, el combate a la corrupción será, como es costumbre, ‘la moneda de cambio’ más valiosa. Quién logre convencer a la sociedad de que combatirá de manera efectiva los dos flagelos que más preocupan a la población, (inseguridad y corrupción)1, tendrá muchas más oportunidades de ganar la presidencia. Y quedará el gran desafío de que esas ‘promesas’ se cumplan.

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